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Asesinato en Derqui: “Mi hijo era un buen chico, no merecía que lo fusilen por la espalda”    Jorge Marín es el papá de la víctima. Junto a familiares y vecinos intenta sacar fuerzas para que haya justicia y su hijo descanse en paz.
Martes, 29 Enero 2019 00:20

Asesinato en Derqui: “Mi hijo era un buen chico, no merecía que lo fusilen por la espalda”  

El papá de Alejandro Marín no sale de la conmoción, luego de que un vecino de 74 años ultimara a su hijo de un tiro en la nuca, en plena calle. “Quiero que se quede preso para siempre”, clamó. Familiares y amigos del joven se movilizaron frente de la casa del homicida.

Jorge Marín no sale del estupor. No encuentra palabras que lo arranquen de la “irrealidad” que asegura vivir desde el domingo a la noche, cuando su hijo fue brutalmente asesinado por un vecino.

En el medio de la conmoción, las lágrimas, los abrazos profundos de los amigos, Jorge, frente a la casa de su madre, que queda al lado de la del asesino, sigue sin encontrar respuestas.

Su hijo, Alejandro, de 27 años y papá de 2 nenas, caminaba frente de la casa Nelson Colman Dávalos, de 74 años, en la intersección de las calles Alfaro y Entre Ríos, en Derqui. El joven volvía de pasar el día en la pileta de la casa de un familiar. Alzada llevaba a una de sus hijas. De la mano, caminando a la par, iba la otra pequeña.

Parapetado detrás del portón de su vivienda de dos plantas, salió Dávalos y cumplió con una promesa que la había hecho al joven días antes: “Te voy a matar”.

Dávalos disparó con un revólver calibre 32 por la espalda de Alejandro. El tiro dio en la nuca del joven y salió por un ojo, quien cayó al suelo inconsciente. Una verdadera locura.

“No entiendo nada, no sé cómo pudo haber pasado esto. El hombre siempre pensó que mi hijo, junto a otros chicos del barrio, le había robado en octubre o noviembre del año pasado. Se ensañó con ellos; pero el día del asalto, que fue violento con gente encapuchada, mi hijo estaba en Baradero”, cuenta Jorge con tono pausado y los ojos vidriosos, un día después, pero parado en el mismo escenario donde su hijo fue ultimado.

“Este tipo es un hombre violento, ya había amenazado a mi hijo e incluso a otro vecino con un arma. Mi hijo fue a hacer la denuncia por una de esas amenazas, y en la comisaría le decían que tenía que traer una prueba, como un video. Vive pegado a la casa de mi madre, la abuela de Alejandro, a quien mi hijo venía a ver seguido. Uno de esos días fue el domingo…”, agrega el papá de Alejandro en diálogo con Pilar de Todos, para quedarse, de golpe, sin palabras.

Familiares, amigos y vecinos de Alejandro se congregaron en la noche de este lunes en la puerta de la casa del homicida, detenido por el delito de homicidio agravado. En una de las esquinas prendieron fuego gomas y ramas. Gritaron, clamaron justicia, se indignaron, lloraron todos.

“Mi hijo era un buen chico, trabajador, no merecía que lo fusilen por la espalda. El hombre lo estuvo esperando toda la tarde, escondido detrás del portón de su garaje, con el arma, varias balas e incluso cuchillos; estaba decidido a asesinarlo, no le importó nada. Las hijas de Alejando aún están esperando que su papá se despierte”, añade Jorge, para otra vez sumirse en un profundo silencio.

Los manifestantes, además, realizaron pintadas en la casa del homicida, hoy deshabitada, y clamaron para que “se pudra y muera en la cárcel”.

Es que por la avanzada edad del homicida, temen que en algún momento la Justicia le otorgue la libertad mientras dura el proceso, o le dicten prisión domiciliaria.

“No quiero ver a este tipo acá ni en ningún otro lado que no sea la cárcel. Tememos que le den prisión domiciliaria y que incluso se vaya a Paraguay, de donde es. Es un hombre peligroso, desequilibrado, quien mató a sangre fría y de manera premeditada a mi hijo. Si bien ya se lo había advertido, nadie pensaba que en realidad podía pasar. Aunque en varias veces se asomaba por el paredón de su casa, exhibía un arma, e incluso pronunciaba groserías a mi madre o quien se encontrara en la vivienda” sigue Jorge, en medio de los abrazos que se acercan a darle los más de 80 vecinos que participaron de la primera manifestación.

“Los vecinos querían prender fuego la casa del asesino, y fui yo el que le dije a la gente que pare, que nosotros no somos así, somos gente pacífica. Este tipo creyó que mi hijo le había robado, una vez que le entraron encapuchados, y desde ese momento, octubre o noviembre del año pasado, empezó a hacerle la vida imposible. De hecho, mi hijo se había ido todo el domingo a la casa de un familiar a pasar el día en una pileta con sus hijas, no quería estar cerca de este loco, pero cuando volvió a ver a mi madre, lo asesinaron como a un perro”, agrega Jorge, quien una y otra vez mira hacia la puerta de la casa de Dávalos, custodiada por un puñado de policías.

Los vecinos no salen de la conmoción y el estupor. Creen que si la policía le hubiese tomado la denuncia por amenazas a Alejandro, quizá la historia hoy sería otra.

“Vamos a seguir viniendo, con marchas, para que este hecho no quede impune y en el olvido. No vamos a permitir que este hombre esté en otro lugar que no sea la cárcel, aunque nada, absolutamente nada, nos va a quitar tanto dolor y mucho menos devolvernos a mi hijo”, concluye Jorge.

 

El hecho

El asesinato ocurrió cerca de las 20 horas del domingo, cuando la víctima recibió un disparo en la cabeza por parte de Dávalos.

Alejandro caminaba con sus dos pequeñas hijas, y cayó al piso, mientras el hombre se refugió en su casa.

Al llegar la policía, vecinos quisieron lincharlo, mientras que el joven ya había sido trasladado a la sala de primeros auxilios de la localidad, donde perdió la vida.

“Maté a quien me había robado”, aseguran que Dávalos declaró ante la Justicia.

“Las hijas de Alejandro aún están esperando que se papá se despierte, nos preguntan dónde está. Nos arruinaron la vida a todos”, concluye Jorge sumido en un profundo dolor.

 

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