Desde hace años que luchan para tener un lugar donde vivir, pero solo consiguen soluciones momentáneas, que les dan alivio por pocas semanas o meses.
“Este año tuvimos que dejar la casa donde estábamos porque ya nos habían avisado que iban a venderla, de ahí nos fuimos a la casa de mi mamá, estuvimos dos meses, la cosas no iba bien y de un día para el otro mi propia madre nos sacó con la policía. De ahí nos fuimos a la casa de una señora que nos ofreció un lugar por unos días y después nos tuvimos que ir a la calle”, contó Lorena a Pilar de Todos.
“Estuvimos deambulando y pidiendo en la Municipalidad, mi marido seguía trabajando, mis hijos yendo a la escuela, lo único que nos faltaba era el techo”, relató angustiada la joven madre.
Tras un tiempo de tener que vivir la tristeza e incertidumbre de estar en la calle, los González consiguieron que un tío les prestara una vivienda en el barrio San Alejo donde ahora viven pero no saben hasta cuándo.
“Nos dio tres meses que se cumplieron el día del niño, ahora mañana vamos a ver si nos puede extender un poquito más”, detalló.
El sueño de un techo
La familia de Lorena y Adelino se encuentran en ese grupo de padres jóvenes a los que los ingresos sólo les sirven para vivir el día al día, y para los que tener una casa propia es un sueño más cercano a una pesadilla.
“Con tres chicos no te alquilan porque dicen que lloran, gritan o ensucian, te piden garantía y depósito, que no te baja de tres mil pesos. La Municipalidad no nos dio respuestas, entonces estamos a la deriva y no sabemos qué hacer. Estamos desesperados”, se lamentó Lorena.
A la situación desesperante de esta familia se le suma que Adelino aún no tiene documento argentino, ya que nació en el Paraguay. Esa situación lo lleva a conseguir trabajos en situaciones de contratación precarias.
“Él es de profesión albañil, pero está trabajando en una fábrica. No tiene DNI, está en negro y no puede faltar al trabajo porque se lo descuentan. Además, como es paraguayo le pagan menos que a un argentino y cuando fue hacerse el documento lo enviaron a Acción Social para hacer un certificado de pobreza y así no pagar la tasa migratoria por lo menos, pero le dijeron que provisoriamente estaba suspendido por tiempo indeterminado ese procedimiento”, relató Lorena.
Precarios
Según el Censo de 2010 del INDEC, unas 17 mil personas viven en Pilar en casillas, en construcciones realizadas con materiales de baja calidad y hasta desechos.
Muchos de ellos terminan en esa situación ante la imposibilidad de acceder a una casa propia “digna”.




