SECCIONES 31 DE MARZO DE 2007
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Una herida que no deja de sangrar
Veteranos de Malvinas: "A nosotros nos pueden olvidar pero a los 649 que cayeron en combate, no"

A 25 años de la guerra, sus protagonistas rememoran los peores momentos por los que debieron atravesar. Experiencias que los marcaron a fuego y que aun hoy siguen más vigentes que nunca. Una lucha que continúa y un recuerdo difícil de borrar.

El próximo 2 de abril se cumplirán 25 años del comienzo de otra página sangrienta de nuestra historia y que tuvo como protagonistas de aquella época a centenares de jóvenes que deseaban vivir una vida normal. Sus sueños se truncaron a los 19 años cuando por negligencia, oportunismo, comodidad, desidia y desinterés un general loco - y alcohólico; según cuentan cientos de escritos - consideró que la mejor manera de recuperar las Islas Malvinas era a través de una Guerra. Armó todo como si se tratara de un juego de soldaditos y mandó a nuestros jóvenes a luchar. Muchachos que, llenos de fortaleza, valentía y un enorme heroísmo, no dudaron en zarpar hacia las heladas islas.
Entre ellos estaban Carlos Melo y Roberto Gerpe, dos combatientes pilarenses que a 25 años de ese terrible suceso se animan a hablar y compartir sus experiencias.
Carlos estuvo en suelo malvinense, pertenecía a la Infantería de Marina y en el momento del llamado para combatir estaba haciendo el Servicio Militar Obligatorio en la base naval Puerto Belgrano. Carlos cuenta que las certezas eran pocas, les habían dicho que la situación política del país estaba muy densa: "En la madrugada del 2 de abril nos informan que a través de un operativo conjunto de las tres fuerzas armadas se habían tomado las islas Malvinas, y que debíamos prepararnos todos los soldados del país porque seguramente se iba a entrar en guerra con Gran Bretaña y ahí empezaron los alistamientos".
La idea de la guerra entusiasmó al pueblo argentino que junto salió a las plazas a pedir por la restitución de las islas, sin entender que los que iban a defenderlas eran tan sólo chicos "que recién terminaban de jugar a la bolita", apuntó uno de los veteranos.
"Yo tuve la oportunidad de avisarle a mi viejo que me iba a Malvinas; y ese momento no me lo voy a olvidar más. Él casi se muere y antes de irme me dijo: Con quién tengo que hablar para ir yo y no vos, total yo ya viví. De mi vieja no me pude despedir", cuenta Carlos. Sin duda esas historias se repiten a montones y es imposible no caer en una profunda emoción al ver las caras en las fotos que los veteranos atesoran con fervor.
Roberto Gerpe, otro de los veteranos que estuvo involucrado en la contienda cuenta que a él la guerra lo encuentra en Puerto Belgrano. "Yo pertenecía a Marina; estaba en el portaaviones 25 de Mayo y recuerdo que a fines de marzo salimos a navegar pero no sabíamos a donde íbamos. Nos enterábamos de lo que estaba pasando en medio de la navegación. Y si bien yo no pisé suelo malvinense -hicimos apoyo desde la nave-- sabíamos que teníamos que cumplir una función. Cuando nos enteramos que íbamos a recuperar las Malvinas nos sentíamos orgullosos porque íbamos a defender nuestra patria, la bandera", recuerda Roberto. Él no le pudo avisar a sus padres que se iba a las Islas: "Se enteraron por los medios".

La batalla
Ya en el campo de batalla, los recuerdos se amontonan y las emociones se incrementan. "El 6 de abril llegamos a Monte Túmbledon, y el 13 y 14 de junio tuvimos nuestro combate. Los recuerdos son muy duros. Perdí a mi jefe - Jorge Cisterna-, lo partieron literalmente al medio de un morterazo y también perdí a otros compañeros, El Santiagueño Ordoñez; Olavarría de Bariloche; González de Santiago del Estero, a todos los busco cada vez que voy al cenotafio", cuenta Carlos con la mirada perdida.
La hipocresía de los dueños del poder de esa época los mandó a luchar con armamentos obsoletos; poco abrigo y escasa comida. "Fuimos con una inyección de patriotismo, que era lo único que teníamos y fuimos a pelear contra gente que venía preparada con miras telescópicas y armamentos increíbles", coinciden Carlos y Roberto con profunda emoción.
Muchas cosas quedaron sin saberse, y al regreso de gigantes pequeños héroes una sensación extraña envolvía al pueblo. Nadie los fue a recibir, entraron por la puerta de atrás y sin los honores que se merecían. "A la vuelta había que decir que no tuvimos miedo, no pasamos hambre, ni frío y para eso nos tuvieron un mes engordándonos como a los pollos día y noche. Después nos largaron", rememora Carlos indignado.
En los momentos crudos, los seres queridos se hicieron presente en la memoria de nuestros veteranos. "Al principio pensábamos que estabamos en un lugar nuevo, de paseo, pero cuando los bombardeos nos invadían comenzamos a pensar en que no íbamos a ver más a nuestra familia, no sabíamos si salíamos vivos de esa", cuenta Carlos y agrega: "En el momento del combate se me vino a la mente mi padre, mi madre, mis seres más cercanos".
Los 25 años pasaron y aunque las heridas de nuestros veteranos siguen sangrando, la esperanza está firme y el sentimiento de valentía también. "A nosotros nos pueden olvidar, pero a los 649 que quedaron en Malvinas; no. Nuestra satisfacción es, aunque sea desde el cielo, volver a ver flamear la bandera argentina en las Malvinas".

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